Las Estaciones

«Celebraciones de las  Estaciones»...es un proyecto «Multicultural» –sobre el hecho antropológico de celebrar la vida-, «Ecopsicologico»-para vivenciar que somos naturaleza y formamos parte-,»Artístico»-que fomenta la expresión y la creatividad individual y grupal a través de los elementos naturales  que nos rodean, sensibilizándonos al respeto y admiración de la belleza natural…

 

La elipse que describe  la tierra alrededor del sol, cómo los electrones alrededor del núcleo atómico, es un mandala eterno que unido al desplazamiento del sistema solar y de la galaxia que nos contiene, va dibujando en el espacio una espiral infinita.

Este círculo mandala ha sido el referente universal de la cosmovisión del ser humano en todos los tiempos hasta ahora.

Las ruedas de las medicinas de las culturas americanas, las ruedas de la vida de los celtas y del taoísmo, la rueda kármica del budismo, los mandalas hindúes  que contienen las cuatro direcciones….reflejan “sincrónicamente” la relación armónica de los elementos de la naturaleza –tierra, agua, aire y fuego- con las direcciones –norte, sur, este y oeste- y con las estaciones del año proyectando así un círculo “mágico”-en cuanto que sincrónico- que sirve de referencia para tener presente la unidad de todo que existe en el universo.

direcciones
«Mandala de las Estaciones» Mayam

Cómo describe poeticamente Clarisa Pinkola Estés, las estaciones han vivido dentro del ser humano desde el origen de los tiempos y hasta nuestros días.

                                                Flores que brotaban en la orilla del río

“Las estaciones eran como unos importantes y sagrados invitados y todas ellas enviaban a sus heraldos: las piñas abiertas, las piñas cerradas, el olor de la podredumbre de las hojas, el olor de la inminencia de la lluvia, el cabello crujiente, el cabello lacio, el cabello enmarañado, las puertas abiertas, las puertas cerradas, las puertas que no se cierran ni a la de tres, los cristales de las ventanas cubiertas de amarillo polen, los cristales de las ventanas salpicados de resina de árboles.

Nuestra piel también tenía sus ciclos: reseca, sudorosa, áspera, quemada por el sol, suave.

La psique y el alma de las mujeres también tienen sus propios ciclos y estaciones de actividad y soledad, de correr y quedarse en un sitio, de participación y exclusión, de búsqueda y descanso, de creación e incubación, de pertenencia al mundo y de regreso al lugar del alma. Cuando somos niñas y jovencitas la naturaleza instintiva observa todas estas fases y ciclos. Permanece como en suspenso muy cerca de nosotras y nuestros estados de conciencia y actividad se producen a los intervalos que nosotras consideramos oportunos.

Los niños son la naturaleza salvaje y, sin necesidad de que nadie se lo diga, se preparan para la venida de todas estas estaciones, las saludan, viven con ellas y conservan recuerdos de aquellos tiempos para grabarlos en su memoria: la hoja carmesí del diccionario; los collares de semillas de arce plateado; las bolas de nieve en la despensa; la piedra, el hueso, el palo o la vaina especial; aquel caparazón de molusco tan curioso; la cinta del entierro del pájaro; un diario de los olores de aquella época; el corazón sereno; la sangre ardiente y todas las imágenes de sus mentes.

Antaño vivíamos todos estos ciclos y estas estaciones año tras año y ellos vivían en nosotras. Nos calmaban, bailaban con nosotras, nos sacudían, nos tranquilizaban, nos hacían aprender como criaturas que éramos. Formaban parte de la piel de nuestras almas —una piel que nos envolvía y envolvía también el mundo salvaje y natural—, por lo menos hasta que nos dijeron que, en realidad, el año sólo tenía cuatro estaciones y las mujeres sólo tenían tres, la infancia, la edad adulta y la madurez. Y eso era todo.”                                                                                                                                    Clarisa Pinkola Estés.

 

20161031_220112                     Celebración de Samhain 31 X 2016 en la Escuela del Sol